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Así son las mujeres de la Guardia Civil

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Se llama Cristina Moreno García y con 42 años se ha convertido recientemente en la primera mujer ascendida a teniente coronel de la Guardia Civil. Siendo aún comandante confesaba su entrega al Cuerpo con esta sentencia: “Más que sangre roja, la tengo verde”. Cristina nació en un país donde las niñas no podían pertenecer a la Guardia Civil, pero un Real Decreto de 1988 lo cambió todo y un año después las primeras mujeres comenzaron a lucir el tricornio. Ella fue la única que ingresó en la promoción de 1993. Sus comienzos en la academia militar y de oficiales fueron muy difíciles, pues sus compañeros no estaban por la labor de aceptar a una mujer como compañera; dos décadas después luce las divisas de un rango que antes nunca había alcanzado una fémina.

 

Cuando la teniente coronel Moreno aún estaba en la academia, otra mujer ingresó para formarse como oficial. Se trataba de Alicia Vicente, hoy comandante y responsable de la Unidad Técnica de Policía Judicial en Madrid. “Los inicios fueron duros, porque había compañeros que no estaban de acuerdo con nuestra presencia en la Guardia Civil y lo manifestaban; si tenían que ponerte la zancadilla, lo hacían. De la misma forma digo que, tras salir de la academia, no he tenido ni un solo problema, ya sea con superiores o con las personas que he tenido a mi cargo; todo lo contrario, siempre me han demostrado cariño y respeto. Al principio estaban expectantes y se preguntaban cómo les iba a mandar una chica de 25 años. Nada más licenciarme tuve que hacerme cargo de una unidad donde había agentes de la edad de mi padre”.

El largo camino hacia la igualdad. Han pasado más de 25 años después de la entrada de la primera mujer, y desde la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) denuncian que la igualdad entre sexos en ese cuerpo está aún lejos de conseguirse. El 11 de febrero, con motivo del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la AUGC emitía un comunicado en el que denunciaba que la cifra de mujeres con puestos de responsabilidad “es casi anecdótica, lo cual evidencia que también en esta institución la igualdad de oportunidades entre ambos sexos está aún muy lejos de poder siquiera vislumbrarse”.

Los números no dejan lugar a dudas, la Guardia Civil aún sigue siendo territorio masculino. En diciembre de 2016 había en el Cuerpo algo más de 5.000 mujeres, lo que supone alrededor del 7% de la plantilla; de ellas, 168 pertenecen a la escala de suboficiales y 106 a la de oficiales. En las últimas promociones las cifras mejoran hasta el 11%.

Laura López Reverón ha logrado, a sus 23 años, ser la primera mujer que obtiene despacho de teniente de la Benemérita con el número uno de su promoción. Un mérito que se multiplica si se tiene en cuenta que las oficiales están en franca minoría en las aulas de la Academia General. En su promoción solo eran ocho mujeres, frente a 60 hombres. Modesta, asegura que no tiene ningún punto fuerte: “En el compendio soy muy regular, aunque el ejercicio físico siempre me ha gustado mucho”. Esta tinerfeña ha comprobado cómo ha cambiado la percepción de la mujer entre sus compañeros, desde el rechazo que sufrieron las pioneras hasta el compañerismo sin fisuras actual: “Se han volcado conmigo, he sentido su apoyo en todo momento. En estos cinco años algunos de ellos se han convertido casi en hermanos; a todos nos mueve el mismo objetivo y eso une muchísimo”.

 

Tras su paso sobresaliente por el centro, Laura está destinada en la Academia de Guardias y Suboficiales de Baeza formando a los nuevos agentes. “Y estoy también a cargo de la unidad de alumnas; soy responsable de las 171 mujeres que se forman allí, una cantidad pequeña si tenemos en cuenta que hay 1.500 alumnos en total. Realmente no conozco la razón por la que hay tan pocas chicas que elijan esta profesión, solo deseo que el número vaya en aumento”, señala.

Casos de discriminación. Quizá la razón de esta falta de vocaciones esté en las noticias que, de tanto en tanto, llegan a la opinión pública. Y es que para algunas mujeres su paso por la Benemérita no es un camino de rosas. La agente Pilar Villacorta saltó a las portadas de los periódicos al denunciar trato vejatorio por parte de un superior; ella se había negado a usar un chaleco antibalas que le quedaba grande por ser un modelo masculino. Aunque el caso fue archivado, hace tan solo unos días el Tribunal Militar Central ha ordenado reabrirlo y el mando será juzgado por abuso de autoridad y discriminación por razón de sexo. Y la semana pasada la prensa informó del caso de una agente que fue expedientada por ausentarse de un control 10 minutos para ir al baño cuando le vino la regla inesperadamente. Por último, hace también poco tiempo la AUGC denunció un nuevo caso de discriminación a una agente con hijos menores a la que no “concedieron una flexibilidad horaria para la necesaria conciliación laboral y familiar”.

De la falta de flexibilidad de sus horarios se queja también Yohanna Alonso, que debe conciliar su profesión con un deporte en el que ha llegado a ser número uno. Alonso se ha proclamado campeona del mundo de muay thai, conocido también como boxeo tailandés, en Bangkok hace escasas semanas. Domina este deporte por cabezonería: “Mi padre y mi hermano practicaban lucha leonesa pero a mí no me dejaban apuntarme porque consideraban que se trataba de un deporte para chicos. A los 17 años mi padre por fin me lo permitió, ya que confiaba que a los tres días tiraría la toalla”.

Pero aquella chica nacida en Gijón y criada en León no renunció a ser la campeona del mundo en esa disciplina, como tampoco lo hizo a cumplir el sueño de hacer el servicio militar y después opositar para ser miembro de la Guardia Civil. En la Benemérita, sus habilidades deportivas le han abierto muchas puertas. Titulada en otras siete artes marciales y con un postgrado de Psicología especializada en violencia de género, es la encargada de ayudar a las mujeres en la Comandancia de León. Gracias a su currículum deportivo es, además, monitora de intervención operativa y de armas. “Soy la única en León, en toda España seremos tres. Instruimos a nuestros compañeros en el uso de armas, defensa personal, reducciones… Al principio los chicos se preguntaban qué les iba a enseñar una mujer que no llega a pesar ni 60 kilos, pero pronto se dieron cuenta de mis habilidades; como en cualquier actividad, el respeto te lo tienes que ganar”, indica.

Charlando con Yohanna, Laura y Alicia llama la atención un detalle: la pasión que muestran por la labor que ejercen. Al unísono repiten que siempre les atrajo pertenecer al cuerpo. Algunas de ellas vieron en sus padres, hermanos o abuelos un ejemplo y quisieron imitar su devoción por ayudar a los demás.

Mucho más que un empleo. La comandante Alicia Vicente acude cada día feliz a trabajar: “Me considero muy afortunada porque veo los resultados de mis acciones, puedo ayudar a los demás. Más que un oficio lo considero una forma de vida”. Desde su unidad coordina y hace el seguimiento de operaciones relacionadas con delitos que abarcan desde homicidios a desapariciones, con especial atención a mujeres y menores. Por ejemplo, explica: “El caso de la desaparición de Diana Quer lo lleva la Unidad Central Operativa pero desde mi unidad prestamos todo el apoyo técnico. Es un suceso que nos está quitando el sueño en los últimos meses”. Esa es la parte dura del trabajo, según Alicia: “No todo sale bien. Tienes que dar noticias atroces, explicar a un padre que su hijo ha sido objeto de abusos sexuales, que no consigues encontrar a un familiar desaparecido… El hecho no poder solucionarlo todo te frustra. Hay un caso que me marcó mucho durante mi primer destino, la muerte de un chico muy joven en un accidente de tráfico. Falleció mientras le rescatábamos; entonces me di cuenta de lo fácil que resulta perder la vida en un segundo por una imprudencia”.

Y antes de terminar la entrevista, la comandante Vicente manifiesta un deseo: “Me gustaría que un reportaje como este no solo reflejara lo que hemos logrado, nuestros méritos, sino que sirviera para revestir de normalidad nuestra labor. No nos consideramos heroínas sino mujeres normales. Cualquiera pueda entrar a formar parte de la Guardia Civil, desde fuera no debe verse como una misión imposible. Si te topas conmigo por la calle sin uniforme, debido a mi constitución, no dirías que pertenezco a este Cuerpo. Fuera del trabajo llevo una vida muy normal, tengo mi familia y amigos, dos hijos varones a los que educo en igualdad… Es decir, nada extraordinario”.

Y mientras Laura se pregunta por qué no hay más mujeres en la academia de Baeza, Johanna hace una reflexión en voz alta: “Porque aquí impera la disciplina militar y hay que acatar órdenes. Las mujeres tenemos un carácter rebelde y a veces no nos gusta que nos manden”.

La teniente Laura López Reverón es la primera mujer que ha logrado el despacho de teniente con el número uno de su promoción.

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