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La UPR de la Policía Nacional en acción

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Son los ojos y oídos de la Policía Nacional en el Príncipe, pero también quienes se ocupan de la protección de las personalidades que visitan Ceuta y blindan las operaciones antiyihadistas o los ‘golpes’ a la delincuencia organizada. En Ceuta, son 60 los agentes adscritos a la Unidad de Prevención y Reacción que se encargan de intervenir, de forma inmediata, ante incidentes de gravedad.

Tienen encomendada la custodia y el restablecimiento del orden público, como reza su emblema. Son los ojos y oídos de la Policía Nacional en el Príncipe, pero también quienes se ocupan de la protección de las personalidades que visitan la ciudad y blindan las operaciones antiyihadistas o los ‘golpes’ a la delincuencia organizada.
Se trata de la UPR, la unidad del Cuerpo Nacional de Policía especializada en la prevención y reacción ante delitos.

Viernes en mayo, mediodía. El subinspector jefe de subgrupo de la UPR, de ronda por la ciudad en ese turno, recibe información acerca del posible consumo de sustancias estupefacientes que se está produciendo en un cafetín en la Almadraba. Los agentes, a bordo de dos vehículos), desembarcan a las puertas del establecimiento y se despliegan en el interior a fin de evitar que alguien, en caso de tenerla, se pueda deshacer de la droga. Justo cuando llegan, un individuo abandonaba el local y pudo advertir de su presencia, así que tienen que actuar con rapidez. “A veces los malos tienen una suerte…”, lamenta uno de los policías.

Los cacheos y la inspección no dan resultados, hasta que los efectivos reparan en una caja de herramientas. Junto a ella, dos bolsas de kifi (cannabis) confirman la veracidad del aviso recibido. Mientras, unos de los funcionarios se encarga de cotejar los datos de sus pasaportes por si alguno de los clientes tuviese causas pendientes. La intervención se salda con cuatro actas por drogas, pero sobre ninguno pesa orden de busca y captura. Con la excepción de que uno de ellos tiene prohibida la salida del territorio nacional. “Nos retiramos; ahora vamos a patrullar la zona de Hadú”, coordina el subinspector jefe al mando.

La UPR, dependiente de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Jefatura Superior de Ceuta, tiene entre sus misiones perseguir aquellas acciones contrarias a la ley como, presuntamente, ocurría dentro del cafetín. “Nos dedicamos a prevenir el delito y reaccionar ante situaciones inminentes y graves en las que hace falta un contingente más amplios de personas que un zeta”, explica el subinspector jefe de subgrupo de la UPR en su base, la sede de la Policía Nacional en la avenida San Juan de Dios.
En lo relativo al orden público, esta unidad especializada de la Policía Nacional se hace cargo de las concentraciones, manifestaciones y otros eventos públicos que, dada su menor entidad, no hacen necesaria la presencia de la Unidad de Intervención Policial (UIP). Los funcionarios adscritos a la UPR también realizan labores de protección de las personalidades que visitan la ciudad además de colaborar con la Policía Judicial, Científica y de Extranjería. Asimismo, ayudan a los jueces y tribunales en los desahucios (como ocurriese en Cría Caballar en el verano de 2015), en entradas, registros y otras actuaciones judiciales.

Estos agentes están preparados para intervenir, de forma inmediata, ante acontecimientos inesperados considerados graves y prestando auxilio o defensa a los ciudadanos en catástrofes o calamidades públicas. “Hace unos años, sufrimos unas inundaciones considerables en Ceuta que, si se volvieran a dar, llamarían a todas las unidades e intentaríamos ayudar con Protección Civil, con Policía Local… En base a los protocolos establecidos”, recordó el policía nacional que encabezó el servicio aquella mañana.
Esta unidad también es responsable de la respuesta frente al desarrollo de determinadas actividades delictivas, en especial aquellas que se encuentran en lugares considerados como ‘puntos negros’, en coordinación con efectivos de comisarías locales. El equipo de la UPR, de guardia ese día, estableció un filtro en el cruce de Sidi Embarek ya que se trata de una zona especialmente sensible en la que se registran movimientos de entrada y salida entre dos puntos especiales.

Los efectivos se instalan en el carril que sube desde el Puente del Quemadero y establecen un filtro para controlar, de forma aleatoria, algunos vehículos donde pudieran transportar drogas o armas. Al final de este dispositivo preventivo de seguridad, un funcionario está pertrechado con “elementos disuasorios” –un fusil de asalto– para que nadie intente eludir este despliegue, además de destinar a dos personas por vehículo para dar cobertura a la ciudadanía y a los propios agentes. En cuanto al material que usa la UPR, la Jefatura Superior explicó que no se puede especificar por medidas de seguridad. En este despliegue que restringía el tráfico en Sidi Embarek, la furgoneta policial también se emplaza de forma que, si alguien intenta darse a la fuga, pueda ser interceptado.

En los dos primeros coches a los que dan el alto, hallan posturas de hachís, con lo cual se les interviene y proponen a los presuntos infractores para sanción, aunque los policías concluyen que no están bajo los efectos de sustancias estupefacientes. Uno de los vehículos inmovilizados, en principio, carecía de seguro, de modo que la UPR requiere la presencia de un zeta de la Policía Local. Una muestra que el subinspector jefe de subgrupo atribuye a la colaboración con el resto de cuerpos de seguridad. Los agentes desmontan el dispositivo y vuelven a patrullar las calles.
Ojo avizor desde los vehículos policiales, los agentes se sinceran sobre los riesgos que conlleva su trabajo. “Cuando tengo un servicio específico, que de antemano sé que es peligroso, nunca salgo de casa sin darle un beso a mi hijo y mi mujer”, confiesa uno de los agentes. Una muestra de cariño diaria que, en esas circunstancias, cobra distinto significado. Pero, ¿han tenido que desenfundar el arma porque su integridad física corría peligro? “Sí, lo he tenido que hacer pero, gracias a dios, se solventó sin abrir fuego y, gracias a la ayuda de un compañero, no hubo más problemas”, desveló otro policía.

Estos funcionarios rehúsan hablar de lugares concretos donde prestaron servicio en circunstancias arriesgadas porque, precisan, “sin pretenderlo podemos estigmatizar a una barriada”. No obstante, tampoco ocultan que, en el Príncipe, “tuvimos bastantes actuaciones conflictivas”.
La primera parte del turno finaliza con la apertura de varias actas por droga. “Esta noche volveremos a ver qué es lo que encontramos”, se despide el subinspector jefe de subgrupo de la UPR tras varios reconocimientos en puntos como el Puerto de Ceuta y San José-Hadú.

A unos minutos de la medianoche. El equipo de la UPR celebra un briefing en San Juan de Dios antes de emprender su servicio proactivo de la madrugada del sábado. En el patio de las dependencias policiales, otro grupo de esta misma unidad se prepara para un dispositivo específico.
“Esta noche, en colaboración con la Policía Local, llevaremos a cabo la orden para tráfico minorista de droga en la zona del Poblado Marinero y del centro”, expone ante el resto de componentes de guardia. El agente al mando solicita especial atención a los vehículos “conduciendo en condiciones extrañas” así como “incidir en la orden por los robos en domicilios del Monte Hacho”.
Las noches del fin de semana en Ceuta son “entretenidas”, desde el punto de vista policial, ya que se producen multitud de requerimientos. “Como hay tanta casuística en la ciudad: drogas, Extranjería, peleas… Estamos bastante ocupados durante toda la noche”.
Aparte, el ocio hace que un número significativo de personas se congregue en lugares como el Poblado Marinero. “Tenemos que poner un poco de paz para que las cosas no vayan a más”,  comenta el funcionario al frente mientras recorre este complejo lúdico. El cierre de los establecimientos supone uno de los momentos de la noche en el que pueden registrarse más incidentes: peleas, robos… Una franja en la que la UPR está pendiente para que todos lleguen a sus casas sanos y salvos. “Aunque mucha gente no se da cuenta del trabajo que hacemos, la ciudadanía debe estar contenta porque lo hacemos con educación y ayudamos a quien está en apuros. A lo largo del tiempo se tiene que notar”, reflexionó.

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