Academia Policía Nacional y Guardia Civil

650415 bp-legacy post-template-default single single-post postid-650415 single-format-standard patrullando-la-ciudad-cosas-no-sabias-los-zetas no-js Patrullando la ciudad: cosas que no sabías de los ‘zetas’ | INOPOL - ACADEMIA DE POLICIA Y GUARDIA CIVIL

Patrullando la ciudad: cosas que no sabías de los ‘zetas’

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Han sido, son y serán los encargados de velar por la seguridad ciudadana. Vehículos cuya misión es proteger y servir a aquellos que lo necesitan

Su día a día no es el de un automóvil cualquiera, están sometidos a situaciones de máxima exigencia: persecuciones vertiginosas, traslado de detenidos, largas jornadas vigilando a bajas velocidades por la ciudad. Son los conocidos en el argot policial como “zetas”.

Los vehículos rotulados que circulan por las calles recibieron el nombre de “Z” allá por los años 60. Era un indicativo que provenía de la palabra “zonal” seguido de un número que identificaba a las distintas unidades que transitaban para mantener la autoridad.

Del mismo modo, se designaba con la letra “K” a los automóviles policiales de camuflaje o no identificados.

Hoy conoceremos los coches elegidos por el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) para combatir el crimen y la delincuencia. Automóviles utilizados por los cuerpos de seguridad como eficaces herramientas de trabajo que se convierten en una prolongación de los agentes en su lucha contra el mal.

Los vehículos que han engrosado las filas del CNP durante los últimos años han pertenecido a todo tipo de segmentos y han ido evolucionando paralelamente a las exigencias de sus tiempos.

El denominador común a todos ellos ha sido la dureza, la fiabilidad, la potencia, la versatilidad y el reducido mentenimiento. Otro requisito fundamental que la Policía valora a la hora de decantarse por un automóvil al convocar un concurso público es que deben ser fabricados en España. Esto limita el número de candidatos a: Nissan, Peugeot, Renault, SEAT y Volkswagen, en pro de la economía española.

“Polis”, “pasma”, “maderos”… son muchos los apelativos con los que la gente se ha referido a la Policía Nacional y con sus coches ha ocurrido algo similar. La paleta de colores de su carrocería ha mutado desde el gris, al blanco, pasando por el marrón, hasta llegar al actual azul marino. Circunstancia que ha hecho agudizar el ingenio para bautizarlos con diferentes calificativos.

Haciendo un poco de historia, no fue hasta el 4 de diciembre de 1978 cuando la Policía Armada de la época franquista pasó a ser denominada Cuerpo de Policía Nacional tras ser reestructurada. Ya en 1986 nacía el Cuerpo Nacional de Policía tras la fusión del Cuerpo Superior de Policía (encargado de investigar delitos) y la Policía Nacional (dedicado a patrullar las calles).

Enfundémonos el uniforme, ajustémonos la gorra , coloquémonos esposas y defensa para conocer los medios de transporte empleados por el brazo de la ley.

Fiat 1400 (1953-1963). Iniciamos este recorrido en los albores de los años 50 con todo un mito de la automoción; el 1400 fue el primer vehículo motorizado de la Policía Nacional allá por 1953. Apenas 24 meses después su homónimo de SEAT tomó el relevo apostando por el producto ‘made in Spain’. Contaban con solo 25 unidades para custodiar y ayudar a la ciudadanía en aquella España herida por la posguerra.

El 1400 demostró que perseguir a los villanos con un motor de 1.395cc y 44 CV no era una quimera.

SEAT 1500 (1964-1973). la incorporación del buque insignia de SEAT dotó de empaque a aquellos “agentes yé-yé” de los años 60. La versatilidad del 1500 permitió hacer uso de sus tres tipos de carrocería: berlina, familiar y el batalla larga con siete plazas. Fue un coche mermado por su elevado peso, una plúmbea mecánica de 4 cilindros en línea de 1.481 cc y 72 CV.

Se recordará por el toque de distinción que aportó a la seguridad motorizada de nuestro país.

SEAT 124D Familiar (1973-1975). Se trataba del primer compacto de tres cuerpos de la marca ibérica y supuso un éxito comercial sin parangón. La policía no permaneció ajena a aquel éxito y lo incorporó a su parque móvil para sustituir al anticuado 1500.

Sus buenas prestaciones no estaban reñidas con la economía lo que le abrió las puertas de los cuarteles de la Guardia Civil, las Policías Locales y la Nacional.

Lució un característo color blanco, que le valió el apodo de “la lechera”, e hizo acopio de un propulsor de 1.197cc y 65 CV.

SEAT 131 Panorama (1975-1981). Este familiar inauguró una etapa de modernización y avances técnicos, puesto que se acomete un gran despliegue de medios para agilizar la respuesta policial. El 131 conquistó ipso facto al conductor ibérico por su estética, habitabilidad y cualidades dinámicas. Este anguloso coche presumía de tener la mejor relación peso-potencia de los modelos setenteros, sin embargo “los nacionales” tuvieron que conformarse con la ‘dócil’ versión de 95 CV.

Su dureza y fiabilidad no fueron óbice para deshacerse del mote lácteo del 124.

SEAT Ritmo (1981-1985). Las fuerzas del orden abandonaron los station wagon y fijaron sus ojos en los compactos.

El original Ritmo fue víctima de las disputas entre Fiat y el SEAT. Cuando los dos fabricantes rompieron relaciones en los 80, la ‘marca de la S’ debió diferenciar claramente su gama de los italianos.

El SEAT Ritmo no solo rompió moldes con su innovadora estética, también fue pionero en adoptar la nueva imagen de la policía. España vivía tiempos convulsos que se trasladaron al cuerpo policial y a sus “Z”: nuevo escudo, renovado nombre y la elección del color marrón tanto para uniformes como para vehículos. Un hecho que propició el mote de “maderos” para aquellos guardias de “la movida”.

El motor elegido no es que tuviera precisamente mucho ritmo: un 1.197 centímetros cúbicos con 66CV.

Talbot Horizon (1985-1988). El Ministerio del Interior rompió con la hegemonia de SEAT hasta el momento. Convocó un concurso público en el que salió elegido el 5 puertas del grupo francés PSA por sus innegables virtudes. Fabricado en la factoría de Villaverde desde finales de 1980, se optó en un principio por la variante GL. Posteriormente- en 1987- se eligió la versión GT equipada con dirección asistida, cambio de 5 velocidades y una unidad de potencia de 1.6 litros y 90CV.

Su dilatada vida de servicio concluyó con la friolera de 2.360 unidades policiales, convirtiéndolo en uno de los vehículos policiales más carismáticos.

Citroën BX (1988-1998). El cambio de década trajo un relevo de marca a los coches patrulla. El BX protagonizó un salto cualitativo sustancial tanto técnico, en diseño, en comodidad y cualidades dinámicas. El hatchback de Citroën incorporaba la vanguardista suspensión hidroneumática que suponía un plus de estabilidad y versatilidad.

Este excelente confort de marcha permitía al coche elevarse unos centímetros y transitar por caminos impracticables. Asimismo, cuando las circunstancias lo requerían, rebajaba su carrocería a ras de suelo para minimizar consumos y reducir su coeficiente aerodinámico.

Las configuraciones adquiridas fueron la 16 TRX y más tarde la 19 TZS de 105CV.

SEAT Toledo (1994-1998). Estamos ante la primera berlina desarrollada por SEAT bajo el amparo de Volkswagen. Incorporaba, como veremos en el Xantia, un moderno puente ‘vector’ y en su interior una mampara de policarbonato dividía la parte delantera de la trasera.

Uno de los puntos fuertes del Toledo era su descomunal maletero de 550 litros de capacidad, idóneo para transportar todo tipo de equipamiento policial.

Respondía con bastante celeridad a la más mínima insinuación sobre el pedal del acelerador, pues contaba bajo el pie derecho con un indómito 2.0 de 115CV.

Peugeot 306 (1995-2000). A mitad de los 90 asistimos al retorno a los vehículos de tipo medio con los 306 de segunda generación. En un principio el propulsor elegido fue el 1.6 gasolina de 90CV, aunque posteriormente se recurrió al 2.0 HDi turbodiésel de idéntica potencia (el primer diésel de la policía).

Citroën Xantia (1998-2002). Tras los buenos resultados conseguidos con el BX, la Policía siguió apostando por su heredero: el Citroën Xantia. Pasará a las hemerotecas por ser uno de los primeros zetas en emplear las luces del techo en forma de uve. El Xantia mejoró la suspensión hidroneumática de su ancestro con su evolución natural: la Hidroactiva. Ésta permitía adaptar su configuración según la conducción realizada variando tanto la dureza como el tarado de los muelles.

Contaba con un diligente motor 2.0i 16 válvulas que otorgaba 135CV.

Citroën Xsara Picasso (2003-2010). El Picasso personificó el retorno a los vehículos familiares 22 años después de la desaparición del 131 Panorama. La mayor amplitud interior para guardias y detenidos inclinó la balanza hacia este automóvil que inauguraba el segmento monovolumen en un coche de la Policía. Es de justicia confesar que fueron tildados como uno de los ‘zetas’ más polémicos por su falta de estabilidad y escasa ergonomía.

En sus inicios montaban el motor 2.0 HDi de 90CV para luego hacer lo propio con el 1.6 HDi de 110 equinos.

Citroën C4 Picasso y SEAT Altea XL (2010-2015). El relevo natural del Xsara Picasso recibió el nombre de C4 Picasso. Una evolución que corrigió las carencias de su progenitor: mejor postura de conducción, asientos más adecuados, mayor seguridad y optimización para la conducción a velocidades elevadas.

La gran novedad del C4 se centra en su cambio robotizado CMP de seis velocidades, adecuado para sacar el máximo partido a los recorridos urbanos.

Los vehículos del CNP cambiaron la decoración pasando a ser azules con el techo blanco. El encargado de mover todo el conjunto era un 2.0 HDi con 136CV.

Por su parte el SEAT Altea XL estaba destinado al traslado de los altos mandos. El Cuerpo Nacional de Policía los seleccionó por su amplitud interior, gran zona de carga y la indestructible motorización 1.9 TDI de 105CV. No veréis muchos de servicio por la calle.

Citroën C4 Picasso (2015-actualidad). Hace apenas unos meses la marca del doble chevron ha entregado 942 flamantes C4 Picasso a la Policía Nacional.

Disponen de una mecánica 1.6 BlueHDi de 120CV asociada a una caja de cambios automática de convertidor de par de 6 relaciones. La combianción perfecta para lograr el equilibrio entre economía, prestaciones y comodidad.

Ahí no queda la cosa, el C4 de nueva hornada equipa un kit policial llamado ‘Z’, compuesto por: sistema de iluminación, comunicaciones policiales y plazas traseras adaptadas al transporte de ‘malhechores’.

Una elección que prorroga la dilatada relación entre Citroën y las fuerzas del orden que se remonta, hace casi tres décadas, al BX.

Como hemos discernido, los ‘zeta’ han ido adaptándose a las exigencias de su entorno socio-cultural. Los agentes han contado en estos 63 años con turismos medios, berlinas de representación, automóviles familiares, compactos ágiles, berlinas capaces o amplios monovolúmenes dispuestos a bregar día a día ante las situaciones más peligrosas.

SEAT y Citroën han sido las factorías que más automóviles han aportado a las flotas policiales. Sendas marcas mantienen la hegemonía al ofrecer los vehículos técnica y económicamente más adecuados para defender nuestras ciudades de aquellos que atentan contra las reglas de la convivencia.

Nadie permancece indiferente a los zeta. Su sola presencia, incluso el sonido de su sirena provoca reacciones de alivio o temor según el lado de la ley en el que te ubiques.

Odiados y queridos han tenido la importante labor de auxiliar a aquellos que se encuentran en problemas y/o perseguir a los que han quebrantado el orden establecido.

Con sus connotaciones positivas o negativas forman parte de nuestra sociedad y han escrito páginas indelebles en la automoción española.

Quizás nunca recibirán medallas al mérito policial, ni serán condecorados, tampoco gozarán de copiosos homenajes tras su jubilación, pero cuando reposen en el desguace (o sean reciclados) siempre llevarán con ellos la satisfacción del deber cumplido.

Contarán sus batallitas y las aventuras que protagonizaron como buenos pensionistas…aunque siempre podrán presumir de haber sido los coches más ‘seguros’.

Todo lo que hemos visto respecto a los coches de la Policía española queda eclipsado por las fuerzas del orden de otros países. Ni siquiera me refiero a los espectaculares y mastodónticos vehículos norteamericanos dando saltos por las cinematográficas calles de San Francisco.

Si nos damos un garbeo por Europa y patrullamos por el Viejo Continente para conocer sus ‘zetas’, nuestros vehículos pueden sabernos a poco.

Sin ir más lejos, Italia acaba de presentar para sus Carabinieri la última creación de Alfa Romeo, el Giulia. No se conforman con el acabado básico, los policías italianos contarán con el supervitaminado Quadrifoglio Verde con mecánica de origen Ferrari y 510 ‘cavallinos rampantes’. Toda un arma reglamentaria para enfrentarse a la mafia calabresa.

Las dos unidades cedidas por la marca de Arese patrullarán por las ciudades de Milán y Roma… no habrá caco que les eche una carrera, puesto que le propulsor 2.9 V6 Twin Spark alcanza los 100 km/h en 3,9 segundos. ¡Mamma mia! habrá que pensárselo dos veces para cometer una infracción por aquellos lares.

Por si a los miembros de seguridad transalpinos el Giulia les queda corto, cuentan con un Lamborghini Huracán LP610-4 listo para la acción. En sus entrañas palpita un V10 5.2 con 610 CV preparado para instaurar la justicia a golpe de volante. Equipa la última tecnología en detección de infractores, así como un desfibrilador y un compartimento refrigerado para transportar órganos en caso de transplante.

Los alemanes también barren para casa y eligen el producto nacional. Nada mejor que un Porsche 911 para surcar las Autobahn bávaras, sin límite de velocidad, a ritmo de bóxer y tracción trasera en busca de los’ chicos malos’.

En Francia los gendarmes emplean automóviles más modestos para la defensa de su nación. Por las gendarmerías es común cruzarse con los Peugeot 308 o los Renault Megane break. Un dúo racional y espacioso que reivindica el sentido común en toda esta locura automovilística.

Los ingleses tampoco ‘van descalzos’ y cuentan entre sus efectivos con BMW serie 5 familiar y un ultra-rápido Lotus Evora al servicio de Su Graciosa Majestad.

Los portugueses, nuestros vecinos peninsulares, presumen de poseer un Audi R8 desde 2013. El coche perteneció al ex-jugador del Real Madrid Ángel Di María cuando militaba en el Benfica. Una vez recuperado, tras ser robado, Di María no quiso saber nada del coche y la policía decidió quedárselo. Este ‘arma letal’ de 420 caballos permite combatir el narcotráfico del país luso a velocidades de infarto.

Para el día a día y realizar servicios más mundanos la Policía de Portugal se hizo con 5.000 Nissan LEAF. Un coche eléctrico ideal para recorrer grandes áreas urbanas aprovechando la gran red pública de puntos de recarga portuguesa. Más de un delincuente será sorprendido con las manos en la masa por este silencioso vehículo.

Mención aparte merecen los coches policiales de Dubái, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos. Su impresionante colección de hiperdeportivos se ha convertido en la envidia de todo aficionado al motor. En el siguiente post nos deleitaremos con las espectaculares máquinas encargadas de controlar la paz dubaití.

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